domingo, 9 de diciembre de 2007

MÀS ALLÀ DE MONTECRISTI

A partir de la decisión del pueblo ecuatoriano de aceptar la conformación de la Asamblea Constituyente se han dado masivas muestras de patriotismo. Una de las más significativas ha sido el traslado de una porción de los restos del ilustre General Eloy Alfaro. Fuimos testigos de su elegante traslado, gracias a la intervención de todos los medios de comunicación, desde la exhumación de su última morada en Guayaquil, hasta su mausoleo dispuesto en la sede de la Asamblea Constituyente y lugar de origen de Eloy Alfaro: Montecristi.

La alegría y pasión desatada por ésta inusual actividad ha desviado nuestra atención de asuntos con trascendencia económica, política y social. Por ejemplo, la decisión del presidente Correa de conceder campos de Petroproducción a industrias asiáticas sin importar el impacto ecológico que se está sufriendo actualmente. El pueblo ha perdido la perspectiva de los problemas a los que el país se está enfrentando y en los que no intervienen los restos de algún patriota.
A más, toda ésta emoción nos está apartando de nuestra conciencia crítica y curiosa acerca del origen de lo que la urna de Alfaro contiene. A pesar de saber que el general tuvo una muerte tormentosa, fue arrastrado, mutilado y quemado y no murió solo, no se han realizado investigaciones profundas para asegurar la veracidad del origen de aquellos restos, por un lado debido a la falta de curiosidad y espíritu de investigación de nuestro pueblo y pienso también que descubrir que esos restos no corresponden al General sería una gran desilusión para todos los seguidores del viejo luchador, ya que sus ideas y en sí sus restos representan la semilla del cambio y revolución. Son símbolos de respeto y admiración, debido a toda esta connotación se han implantado más de una vez el uso de restos de hombres y mujeres importantes para mantener el orden o simplemente para brindar un aire de solemnidad y orgullo.